HAY HOMBRES Y MUJERES LLENOS DE RABIA Y ODIO QUE VIVEN CON UN RESENTIMIENTO QUE NO SABEN VALORAR SU FÍSICO Y BELLEZA INTERIOR Y EXTERIOR.
martes, 8 de enero de 2013
Atacan con ácido a una joven india tras negarse a tener sexo con dos hombres
Una joven india fue atacada con ácido por dos hombres trasnegarse a practicar sexo con ellos en la región india deJharkhand, donde hace pocos días aparecieron amenazas de ataques de este tipo contra las chicas que vistieran vaqueros.
Habían intentado tener sexo con la mujer desde tiempo antes de su bodaLa mujer, de 24 años y casada, sufrió quemaduras en la cara y el cuerpo como consecuencia del ataque, registrado en el pueblo de Bagdehari cuando la víctima se bañaba en un lago del lugar. En ese momento, los dos hombres la abordaron y le pidieron que tuviera sexo con ellos, y ante la negativa de la mujer procedieron a arrojarle ácido. Ambos, identificados como Khokhan y Swapan, habían intentado tener sexo con la mujer desde tiempo antes de su boda, y aprovecharon una visita de la víctima a sus padres en el pueblo para cometer el crimen.
Este es el segundo caso de ataques con ácido del que se tiene noticia en la región deJharkhand, donde otra chica fue atacada por motivos similares en el distrito de Dhanbad, según informó la agencia india IANS. Además, la semana pasada, un grupo poco conocido -elJharkhand Mukti Sangh- colocó carteles por la capital provincial, Ranchi, amenazando con tirar ácido a las mujeres que vistan con vaqueros o no lleven suficientemente tapado el pecho.
De mayoría hindú, Jharkhand es uno de los estados más atrasados de la India y constituye uno de los centros de actividad del llamado "cinturón rojo" maoísta, un área donde opera una guerrilla de esa ideología y que se extiende por el centro, este y norte del país.
Habían intentado tener sexo con la mujer desde tiempo antes de su bodaLa mujer, de 24 años y casada, sufrió quemaduras en la cara y el cuerpo como consecuencia del ataque, registrado en el pueblo de Bagdehari cuando la víctima se bañaba en un lago del lugar. En ese momento, los dos hombres la abordaron y le pidieron que tuviera sexo con ellos, y ante la negativa de la mujer procedieron a arrojarle ácido. Ambos, identificados como Khokhan y Swapan, habían intentado tener sexo con la mujer desde tiempo antes de su boda, y aprovecharon una visita de la víctima a sus padres en el pueblo para cometer el crimen.
Este es el segundo caso de ataques con ácido del que se tiene noticia en la región deJharkhand, donde otra chica fue atacada por motivos similares en el distrito de Dhanbad, según informó la agencia india IANS. Además, la semana pasada, un grupo poco conocido -elJharkhand Mukti Sangh- colocó carteles por la capital provincial, Ranchi, amenazando con tirar ácido a las mujeres que vistan con vaqueros o no lleven suficientemente tapado el pecho.
De mayoría hindú, Jharkhand es uno de los estados más atrasados de la India y constituye uno de los centros de actividad del llamado "cinturón rojo" maoísta, un área donde opera una guerrilla de esa ideología y que se extiende por el centro, este y norte del país.
Una mujer de 24 años fue atacada con ácido en Bogotá
Un nuevo ataque con ácido se registró en Bogotá.
Dos mujeres, arrendadora y arrendataria, discutían cuando una de ellas se exaltó y le arrojó ácido y agua caliente a la otra en la cara, ocasionándole serias lesiones.
La mujer afectada, de 24 años de edad, presenta quemaduras en su rostro, el brazo izquierdo y el tórax, según el reporte entregado por el hospital Simón Bolívar, donde es atendida la víctima.
La agresora sería judicializada en las próximas horas.
Bogotá es la primera ciudad que hace una política publica sobre el tema.
Casos como el de Consuelo Córdoba, a quien el ataque le dejó el rostro desfigurado y ahora debe respirar por una pajilla, y el de Érika Vargas, quien luego de terminar la relación con su novio, este le pagó a un niño para que le arrojara ácido sobre su rostro, evidencian el maltrato contra las mujeres en el país por agentes químicos.
Colombia, con 17 casos registrados hasta el 17 de octubre del 2012 y 40 en el 2011, se acerca a los países con mayores reportes, como Bangladesh con 150 casos, y Pakistán con 84, según lo reveló Viviana Manrique, directora del Observatorio de drogas ilícitas y armas de la Universidad del Rosario.
Las agresiones con ácido son un fenómeno global que no se limita a una determinada raza, género, religión o ubicación geográfica. Ocurre en países de Asia sudoriental, África subsahariana, las Antillas y el Oriente, y hay evidencia sobre un incremento de estos ataques en varios países iberoamericanos.
En el mundo se registran anualmente 1.500 casos de mujeres víctimas con algún tipo de agente químico, según la fundación internacional Acid Survivors Trust International (ASTI).
Precisamente, para concienciar a la sociedad colombiana sobre la responsabilidad social frente a este tipo de violencia de género, se creó el Pacto Público para la prevención de agresiones y accidentes con agentes químicos en Bogotá.
Este pacto fue firmado el pasado 7 de diciembre por la Policía Metropolitana de Bogotá, el Instituto Nacional de Medicina Legal, las secretarías de Gobierno y Salud del Distrito, Fenalco, el Observatorio de drogas ilícitas y armas de la Universidad del Rosario, la Universidad Católica, la fundación médica 'Mira tu salud', la fundación ENCAUSA, la asociación 'Rostros sin ácido', el grupo ATENEA de seguridad y defensa de España, y la concejal de Bogotá por el movimiento político Mira Olga Victoria Rubio.
Según datos de Medicina Legal, desde el 2006 al primer trimestre del 2012, se registraron 153 informes periciales por violencia interpersonal relacionada con quemaduras con agentes químicos. En ese mismo sentido, se reportaron 26 informes periciales por violencia intrafamiliar. Lo anterior representa un total de 179 casos, de los cuales, el 51 por ciento pertenece a hombres (92 casos) y el 49 por ciento a mujeres (87 casos).
Las agresiones con ácido son un fenómeno global que no se limita a una determinada raza, género, religión o ubicación geográfica. Ocurre en países de Asia sudoriental, África subsahariana, las Antillas y el Oriente, y hay evidencia sobre un incremento de estos ataques en varios países iberoamericanos.
En el mundo se registran anualmente 1.500 casos de mujeres víctimas con algún tipo de agente químico, según la fundación internacional Acid Survivors Trust International (ASTI).
Precisamente, para concienciar a la sociedad colombiana sobre la responsabilidad social frente a este tipo de violencia de género, se creó el Pacto Público para la prevención de agresiones y accidentes con agentes químicos en Bogotá.
Este pacto fue firmado el pasado 7 de diciembre por la Policía Metropolitana de Bogotá, el Instituto Nacional de Medicina Legal, las secretarías de Gobierno y Salud del Distrito, Fenalco, el Observatorio de drogas ilícitas y armas de la Universidad del Rosario, la Universidad Católica, la fundación médica 'Mira tu salud', la fundación ENCAUSA, la asociación 'Rostros sin ácido', el grupo ATENEA de seguridad y defensa de España, y la concejal de Bogotá por el movimiento político Mira Olga Victoria Rubio.
Según datos de Medicina Legal, desde el 2006 al primer trimestre del 2012, se registraron 153 informes periciales por violencia interpersonal relacionada con quemaduras con agentes químicos. En ese mismo sentido, se reportaron 26 informes periciales por violencia intrafamiliar. Lo anterior representa un total de 179 casos, de los cuales, el 51 por ciento pertenece a hombres (92 casos) y el 49 por ciento a mujeres (87 casos).
NO AL ÁCIDO A MUJERES INOCENTES: Los ataques con ácido son un fenómeno violento que...
NO AL ÁCIDO A MUJERES INOCENTES: Los ataques con ácido son un fenómeno violento que...: Los ataques con ácido son un fenómeno violento que ocurre sobre todo en sociedades asiáticas del sur, tales como India , Pakistán y...
La violación y el homicidio por motivos sexuales son actos de extrema maldad, pero el ataque violento que pretende desfigurar el rostro o el cuerpo de una mujer nos enfrenta a una forma aún más brutal de sadismo: anular en vida la identidad de un ser humano. Borrarlo del mundo con el signo de la deformación. Someterlo al reflejo perpetuo del dolor. El atacante con ácido destruye el derecho primordial de la mujer a contemplar su rostro en la bella soledad de los espejos.
Las extrañas prácticas culturales de dominio erigidas por los hombres contra las mujeres a lo largo de siglos y en diferentes culturas (que han implicado formas de vestir, de invisibilización, mutilación genital, deformación facial), nefastamente se recuperan y actualizan en diferentes ciudades colombianas y con alarmante reiteración. Sus escenarios habituales: crímenes pasionales y por venganza. En el año 2010, el Instituto de Medicina Legal reportó más de 50 casos de mujeres atacadas con ácido, 42 en 2011 y 19 en el presente año.
El reciente suceso ocurrido en Bogotá, en el barrio La Alquería, en el cual un asaltante que pretendía robar una casa de cambio arrojó sobre el cuerpo de una vendedora un tipo de ácido que le ocasionó graves lesiones, instauró un escenario inédito donde se reconoce una vez más el perverso signo de poder y anulación contra la mujer.
Estos ataques —que deberían estar legalmente tipificados como crímenes por odio, incluso como intentos de homicidio y no sólo como lesiones personales—, no han sido sometidos al debate psicosocial con suficiente rigor y languidecen en el olvido.
Los motivos y el perfil del agresor
Cuando el motivo del ataque para producir desfiguración facial o corporal es de origen pasional (celos, sospecha de infidelidad, etc.), el agresor se ve a sí mismo previamente como objeto de burla; su baja autoestima (presumiblemente alta) lo conduce a percibirse como el centro de una suerte de burla social. Al sentirse señalado como alguien que carece de hombría, se siente en la obligación de demostrar lo contrario y restituir su traición o rechazo de una forma que la víctima y los que lo rodean nunca olviden. La deformación facial implica entonces, además de destruir el físico de la mujer para que no sea apreciada ni deseada, un gesto de restauración del ego del victimario.
Si la situación implica una venganza por motivos económicos, se reconoce una necesidad irrefrenable del atacante (o de quien lo contrata) de recuperar simbólicamente aquello que considera le fue robado, mediante la destrucción de lo más preciado de la víctima: su aspecto físico. Si el móvil es la envidia o el resentimiento social, estamos ante un vengador que busca ajustar cuentas con su destino de fracasos.
Cuando el ataque no comporta un móvil claro y hace parte colateral de un crimen, como en el reciente caso citado, estamos ante una mente psicopática carente de remordimientos, que apenas se alimenta de su narcisismo y cuyo ataque señala la necesidad de experimentar placer al anular al otro. Aunque este tipo de psicópatas no agredan sexualmente, su objetivo implica la destrucción de la armonía de la mujer y en ese sentido comporta un claro matiz de trasgresión sexual: aquella a la cual no pueden poseer, deciden destruirla, marcarla como un objeto.
Todos estos agresores, sea cual sea su motivación, actúan bajo el narcisismo de una mente perversa que, sádicamente, reconoce el valor primordial del aspecto físico del ser humano a quien decide atacar. Anticipa la enorme gravedad del daño que va a provocar y premedita causar el mayor dolor y daño posibles.
La huella imborrable y la mirada del otro
Así como la víctima de violación arrastra por siempre el estigma emocional de la invasión experimentada, la mujer que ha sido desfigurada carga con la insoportable ‘máscara’ de saberse anulada. Las consecuencias emocionales de tales crímenes son inimaginables; la desfiguración facial va más allá de afectar la vanidad natural del ser humano.
El periodista Diego Buñuel, en su programa No le digan a mi madre, emitido por el canal Nat Geo, narró recientemente la historia de Masarrat Misbahuna, una mujer de origen pakistaní, quien fundó en su país una cadena de salones de peluquería (Depilex) atendida exclusivamente por víctimas de la desfiguración facial por quemaduras o ácidos (sus novios o esposos fueron los responsables).
Dichas víctimas, tras enfrentar las intervenciones quirúrgicas para disminuir los daños recibidos, entraron en procesos de depresión e intentaron suicidarse. El rechazo social se sumó a su tragedia. Gracias a la vinculación laboral proporcionada por Misbahuna, encontraron una suerte de terapia de asimilación y redención en la labor de embellecer a otras mujeres. Las mujeres que asisten a estos salones, en medio de espejos y afiches de modelos occidentales, al parecer son las únicas capaces de comprender que detrás de esos rostros mancillados permanecen hermosos seres humano capaces de soportar la inmolación social de su piel y que, a pesar de la desgracia, se aferran a la vida.
Las leyes para castigar e impedir estos signos brutales sufridos por las mujeres, tanto en Oriente como en Occidente, desafortunadamente no han logrado traducirse en un puño moral efectivo que no sólo condene, sino que instaure un principio esencial del respeto a la mujer. Quien agrede a una mujer para desfigurarla recupera el fétido eco de una tradición sexista que nunca fue educada ni castigada.
Por ahora, impotentes ante una forma más de barbarie, nos vemos obligados a refugiarnos en la idea esperanzadora de que los crueles humanos que intentaron desposeer a las vulnerables víctimas al desfigurarlas, serán derrotados en el momento en que, como aquellas clientes de la cadena Depilex, contemplemos a estas mujeres mirando aquello invisible que permanece, aquello que no hace parte de la piel ni de los espejos, lo único verdaderamente importante en ellas y que ninguna voraz criatura fue capaz de desvanecer.
*Escritor y profesor de la Facultad de Comunicación Social de la U. Javeriana, donde dicta los cursos Asesinos en serie, asesinos de masas; La escritura del crimen y Narrativas del mal.
En el consultorio del cirujano plástico, Gina no pasa inadvertida: en medio de otras quebuscan realzar su belleza, ella sólo quiere recomponer su rostro quemado por un ataque con ácido, una forma de violencia contra las mujeres que cada vez suma más víctimas en Colombia.
Gina Potes, de 35 años, espera que esta sea la última cirugía, de 24 que le han practicado en los últimos 15 años. "Cuando veo esas mujeres con cuerpos perfectos buscando tener más busto o reducir la cintura, no entiendo", dice entre resignada e indignada esta espigada trigueña que requiere reconstruir su mentón.
Aunque ya ha logrado recuperar casi totalmente el rostro, aún son evidentes las marcas de ese ataque, que también le alcanzó el pecho.
"Las huellas que deja no son sólo físicas, también son sicológicas", afirma, tras recordar que su primera reacción al verse desfigurada fue encerrarse.
Con el paso del tiempo venció el miedo y salió a buscar trabajo. "Pero nadie me empleaba al verme así", señala Gina que asegura desconocer aún quién o por qué la atacó.
"Cuando una es atacada con ácido no recibe la solidaridad las autoridades", se queja Gina, al recordar en estos casos la pena máxima es de cuatro años de cárcel, si se logra identificar al agresor.
Gina junto a un grupo de mujeres atacadas con ácido han decidido mostrarse -una de ellas con máscara por la deformación de su cara- para sensibilizar a la sociedad y reclamar políticas estatales que les permitan rehacer sus vidas. Y lo más importante, evitar nuevos rostros desfigurados, en una campaña en la que algunas políticas les acompañan.
Prácticamente todos los casos responden a violencia intrafamiliar. "Jurídicamente se tratan como lesiones personales y quedan en la impunidad por la dificultad para comprobar su autoría", explicó a la AFP la congresista Gloria Estela Díaz.
La legisladora presentará el próximo 16 de marzo un proyecto de ley para tipificar como delito estas agresiones, con pena de cárcel de ocho a 30 años sin derecho a rebaja de la condena.
Además, la concejal de Bogotá Olga Rubio presentó una iniciativa para limitar la venta de ácidos, dada la facilidad para adquirirlos y su bajo costo (2 dólares el frasco).
"Vamos a restringir la venta de ácido fosfórico, nítrico y sulfúrico", que son los más empleados para estos ataques, aunque también han ocurrido con gasolina", señaló Rubio a la AFP.
El estatal Instituto de Medicina Legal conoció 55 casos de mujeres atacadas con ácido en 2010, mientras que en 2011 recibió 42, según cifras peliminares .
Hace cinco años Nubia Espita, de 33, vino de Venezuela con su esposo y dos pequeñas hijas a pasar Navidad. Una noche, cuando llegaba a casa con la mayor, una pareja le atacó arrojándole ácido a la cara, que además alcanzó a quemar el brazo y la mano de su hija, narró a la AFP.
Atribuye el ataque a "la envidia" de una vecina, algo que no pudo probar. Tampoco logró identificar a la pareja que la atacó, por lo que su caso quedó impune, mientras su rostro, pese a 15 cirugías, continúa desfigurado.
La próxima operación será para la reconstrucción de los párpados que le quedaron prácticamente cerrados, reduciéndole ostensiblemente la visión.
El caso de Viviana Hernández, de 28 años, también quedó impune. Ella asegura que fue su esposo y padre de sus tres hijos quien le quemó el rostro para "que no fuera de nadie más", porque ella quería separarse.
"Las autoridades me exigían que probara que él había sido, entonces me tocó huir a otra ciudad para que no me volviera a atacar", refirió a la AFP.
"Ahora necesito cinco millones de pesos (casi 3.000 dólares) para recuperar el ojo (izquierdo)", narra al tiempo que levanta el parche que lo cubre y deja al descubierto un amasijo de piel por donde deslizan las lágrimas.
"Cargamos con esta tragedia todos los días", dice, y resalta la "falta de solidaridad de la sociedad y del Estado".
La cirujana plástica Linda Guerrero, que dirige la Fundación del Quemado en Bogotá, recuerda que hace 15 años recibió el primer caso de una mujer atacada con ácido. Hoy ya suma 31 pacientes.
"Es el producto de una cultura machista como la colombiana que hace que la mayoría de las víctimas sean mujeres jóvenes, de baja escolaridad, atacadas por cuestiones sentimentales", explica a la AFP, tras denunciar que ninguna de sus pacientes recibió en el momento atención hospitalaria adecuada.
Atacan con ácido a una mujer en Santa Marta
El hecho, que tiene alarmadas a las autoridades y a la comunidad, ocurrió en el barrio Galicia.
La víctima, identificada como Lida Isabel Núñez Castrillo, de 42 años, sufrió quemaduras en el rostro luego de que dos sujetos que se movilizaban en una motocicleta le arrojaron ácido sin ningún motivo aparente.
El hecho ocurrió el pasado viernes en la noche, pero solo hasta este lunes trascendió a los medios de comunicación.
Según familiares de Núñez, ella había salido a comprar una pastilla para el dolor de muela en una tienda cercana a su residencia cuando fue atacada por desconocidos que se dieron a la huida.
"La mujer manifiesta que sintió un ardor en la cara, luego se traslada a su casa donde fue valorada y siguió con el mismo dolor. Fue remitida a un centro asistencial, donde todavía no se establece qué tipo de sustancia usaron, pero al parecer fue un líquido de batería, según un médico", dijo el comandante de la Policía Metropolitana de Santa Marta, coronel Fredy Tibaduiza.
El oficial informó que están revisando las imágenes de las cámaras de seguridad, ubicadas en el sector donde ocurrieron los hechos, para identificar la motocicleta en la que se transportaban los atacantes y dar con su captura.
Además, aseguró que a raíz de este suceso están realizando planes de control para revisar que no lleven este tipo de sustancias en las calles.
La mujer atacada con ácido es oriunda de Ciénaga (Magdalena) y hace apenas unos meses se mudó a Santa Marta, donde se dedica a la venta de ropa, según la Policía. Ayer, todavía se encontraba recluida en la Clínica Cardiovascular, donde fue sometida a una cirugía en el rostro.
El subdirector científico del centro asistencial, Carlos Arnulfo Ariza, dijo que el proceso de cicatrización de la paciente durará unos 15 días y que posteriormente será valorada por cirujanos plásticos para establecer si hay necesidad de un tratamiento complementario.
Los ataques con ácido son un fenómeno violento que ocurre sobre todo en sociedades asiáticas del sur, tales como India, Pakistán y Bangladesh.
Son perpetrados casi siempre por hombres contra mujeres. El agente químico usado en estos ataques es generalmente ácido clorhídrico, fácilmente disponible y accesible como limpiador en países del sur asiático. Debido a que el producto químico no causa la muerte sino una grave desfiguración, se ha convertido en un arma popular en ataques contra las mujeres que rechazan propuestas sexuales y ofertas de unión.
A menudo, la policía de esos países no los clasifican como violencia doméstica porque generalmente se producen fuera del hogar.
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